La dramaturga y fundadora de la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro (LMPT) denuncia la «opresión sistémica» que estanca la presencia femenina en la dirección, y exige a la industria nuevos libretos originales
Las mujeres son mayoría sobre los escenarios del teatro musical, pero apenas alcanzan el
22% de los puestos de dirección, dramaturgia y técnica, según el estudio The Count,
impulsado por Dramatists Guild y The Lillys. Ante esta desigualdad estructural, la directora y
fundadora de la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro (LMPT), Beatriz Cabur, exige
la creación de libretos originales para romper con los roles machistas y critica cómo el
sistema educativo y los medios de comunicación borran sistemáticamente la trayectoria de
las autoras.
El teatro musical en España vive una etapa de esplendor comercial, llenando patios de
butacas y generando grandes cifras. Sin embargo, detrás del telón persiste una marcada
brecha de género. Aunque los elencos y cuerpos de baile cuentan con una amplísima
presencia femenina, las decisiones creativas y económicas siguen en manos
mayoritariamente masculinas. Diversos informes internacionales sobre las artes escénicas
como The Count o Women Count, sitúan históricamente a las mujeres en un tope del 22%
cuando se trata de ocupar roles de dirección, composición o autoría.
Para la fundadora de la LMPT, las razones de esta brecha de género se resumen en una
«opresión sistémica» donde la inercia comercial siempre juega en contra de las creadoras.
«El por defecto siempre perjudica a la mujer. Si no haces activamente algo para cambiarlo y
no hay una revolución contra las instituciones establecidas, ese 22% se reduce», señala.
Frente a la competitividad impuesta, Cabur lanza un mensaje claro a las nuevas
generaciones: «No nos tenemos que pegar por ese 22% con otras mujeres. Lo que tenemos
que hacer es intentar que ese porcentaje crezca; entender que una victoria mía es una
victoria tuya».
Uno de los grandes debates dentro del género es la urgente necesidad de actualizar sus
narrativas. Históricamente, el teatro musical ha relegado a las mujeres a roles
estereotipados, desde la ingenua romántica hasta la figura trágica, limitando su agencia
dentro de la trama.
La cartelera actual de los grandes musicales comerciales se sostiene, en gran medida,
sobre adaptaciones y franquicias que a menudo perpetúan narrativas donde las canciones
femeninas giran en torno al protagonista masculino. Para Cabur la solución no es
necesariamente reescribir los clásicos, sino apostar por el teatro musical contemporáneo y
la creación original.
«Hay que seguir haciendo musicales de mujeres, aunque cueste. Yo no tengo por qué
adaptar material clásico para hacerlo más femenino, puedo escribir material nuevo»,
reivindica, recordando iniciativas internacionales de gran impacto como el proyecto 365
Women a Year, diseñado para que dramaturgas de todo el mundo escribieran obras
basadas en mujeres históricas reales.
Cuando a las mujeres se les otorga el poder en la producción, la dinámica de trabajo
también se transforma. Cabur recuerda una gala que dirigió en la Sala Berlanga, en Madrid,
donde el equipo, desde la técnica de iluminación hasta las acomodadoras, era 100%
femenino: «Es la primera vez en mi vida que me he sentado en medio de un teatro media
hora antes del estreno pensando que no tenía nada que hacer. Todo funcionaba. Desde el
punto de vista de la dirección, fue impecable». Esta filosofía se tradujo en la creación de una
base de datos desde la Liga impulsada bajo el lema #ContratarosLasUnasALasOtras.
Para comprender la raíz de esta invisibilidad en la industria cultural, es necesario observar
la base del sistema educativo y el tratamiento informativo que reciben las creadoras. La falta
de referentes femeninos en los planes de estudio condiciona el imaginario de quienes
aspiran a dedicarse a la escritura y dirección escénica.
«Antes de entrar en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático), en todas las
obras que había escrito, las protagonistas eran mujeres. Después de cursar los cuatro años,
las siguientes ocho obras largas que escribí tenían protagonistas hombres», confiesa la
directora. «Me costó ocho obras volver a escribir protagonistas femeninos. Te enseñan que
los hombres son los referentes, que la poética aristotélica es la única que cuenta. Si todos
los referentes que te dan son hombres, tú interiorizas que lo que tienes que hacer es eso».
A este sesgo académico se suma la responsabilidad del periodismo cultural, encargado de
registrar la historia viva del teatro. La consolidación del prestigio de un artista depende, en
gran parte, de cómo la prensa relata su trayectoria, un terreno donde las creadoras parten
con clara desventaja mediática. «Cuando se escribe sobre un hombre, hablan de su carrera
completa. Sin embargo, cuando escriben de las mujeres, te tratan como si cada cosa que
haces fuera lo primero que has hecho», sentencia.

1 comment
Buen trabajo, todo está claro y bien explicado